Hace poco ya toqué el tema del anticlericalismo en la España preindustrial (ver aquí). Hoy quiero retomar el tema aprovechando la reedición de una de las obras pioneras y esenciales sobre el tema. Me refiero a la Historia del anticlericalismo español, de Julio CARO BAROJA y reeditado, como no podía ser de otra forma, por Caro Raggio.
Algún día he de ocuparme de Don Julio Caro Baroja, ejemplo de intelectual independiente. Su historia, como la de buena parte de su familia, bien merece unos cuantos post. Hoy, sin embargo, nos centraremos en una de las pinceladas que nos brinda en su obra ya citada.
El refranero castellano, un filón inagotable para el estudio de la cultura popular, nos ha dejado una serie de perlas que, una vez más, nos pone en entredicho esa imagen del mundo campesino preindustrial como el de un puño de pobres danzando al ritmo que marca el párroco de turno.
Veamos algunos ejemplos: “Comer, beber y andar por el aire, éstos son los mandamientos del fraile”, “Seis horas cantando, seis comiendo, seis paseando, seis durmiendo, y las demás… estudiando” o uno un poco más fuerte, “Monjas y frailes, putas y pajes, todos vienen de grandes linajes”.
El campesino nunca ha sido tonto. Aceptó el tener que trabajar para mantener a una elite “de manos muertas”, señores y eclesiásticos… ahora bien, no lo hizo a cualquier precio y, como se puede apreciar, siempre tuvo ojo para criticar y denunciar los abusos de estas capas no productivas.

