Hoy que en todos los medios tenemos la cara de los más poderosos (G20) buscando soluciones al pantano donde nos han metido, quisiera contar una pequeña historia, ocurrida en el siglo XVI, que creo puede servir para ver cómo en estos fangos nos hemos metido nosotros sólos, ciegos por el canto de las sirenas del beneficio rápido… pero ya hace más de 400 que los sabios viene avisando de los peligros de estas “verdes colinas”.
En 1532 el conjunto de mercaderes españoles con negocios en Amberes decide enviar a un fraile franciscano a París, con el fin de someter al parecer de los sabios de la época “ciertas dubdas que tenían assy de contratos de cambios y fianças como de otras cosas“… es decir, los mercaderes castellanos no las tienen todas consigo, dudan de la legalidad y MORALIDAD de los contratos de cambio.
Los sabios de la Universidad de París eran, como ya se ha dicho, lo más granado de la época, Beda, el censor de la Paráfrasis de Erasmo, John Maior de Haddington (maestro del poeta Montaigne) y otros trece más.
La opinión de los mismos fue muy drástica con este tipo de contratos: condenan los intereses por ser usura, permitiendo exclusivamente el sobrecargo al total de las costas de aquellos gastos que tuvieran lugar durante la transmisión de la misma. Pero, lo que a mi más me llama la atención, es la siguiente afirmación:
“TODO ELEMENTO ESPECULATIVO EN EL COMERCIO, ES RECHAZADO DE BUENAS A PRIMERAS, Y NO PUEDE SERVIR DE BASE A NINGÚN TIPO DE INDEMNIZACIÓN”
Estos sabios se estarían tirando de los pelos si vivieran estos nuestros tiempos. La especulación no sólo no ha sido mal vista (sus juicios se asentaban en la moralidad, no en el derecho), sino que ha sido aplaudida y, los especuladores, han formado un grupo social que ha servido a muchos de referencia.
Pero es más, mientras hace más de cuatro siglo se advertía que aquel que especula no tiene derecho a indemnización alguna, hoy nos volvemos locos pensando cómo tapar el agujero creado por ellos (indemnizando, de alguna manera, a aquellos que se han quedado con el culo al aire).