Pidió un labrador a otro amigo suyo dentro en su casa que le prestase un asno que tenía para ir con él a la ciudad. El otro, escusándose que no lo tenía, que lo había prestado a otro, suedió que en este medio comenzó de roznar el asno en el establo. Entonces dijo el que se lo demandaba: “decid, compadre, ¿no es aquel que rozna vuestro asno?”, respondió el dueño: “necia condición es la vuestra, compadre; qué, ¿más crédito tiene el asno que yo?” – “Así me parece” – “pues entrad por él”.
Por qué se dijo: ¿Qué más crédito tiene el asno que yo?
Diciembre 26, 2008 de AlbertoAlonso
Je, je, je…buenísimo y con moraleja